De otro lado – Fur Voice

Aquí está el vídeo para mi amigo Fur Voice en el que he estado trabajando estos últimos meses, “De otro lado”

 

Y aquí está explicado cómo lo hice:

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Por aquel entonces, alzabas los brazos porque pensabas que sabías con toda certeza que moviendo los dedos, con el brazo extendido, vendrían los mensajes de quien sabe dónde, siempre salpicado de sonrisas y con una llave inglesa amarilla que acabaría de hacer funcionar el reloj que llevabas en los ojos; y en la memoria. No bastaba una libreta, no bastaba las horas en el suelo, de rodillas, con el pincel en la mano. Radiabas azul, y rojo. Fotocopiabas negro. Encolabas pasión, no pensamiento, sino acción. Y acción que devenía reflexión. Y certeza. Como una cuerda tensada y preparada para lanzar la flecha que iría tan lejos de todo. Tan cerca siempre. Te preguntas dónde estará esa cabeza de flecha metálica. Y si el papel de plata habrá resistido el paso del tiempo, o si realmente no te engañaron. Subiste en el ascensor, y gritaste en el silencio, y pensaste que con las ideas el nudo acabaría cediendo. Y así fue. Y ahora alégrate. Colocas de nuevo la cinta en el reproductor, como si fuera ayer, o antes de ayer o mañana mismo. Siempre suena, como siempre ha sonado. Esa radiación, no desesperes, no caigas en el abismo, aún está allí, como un tornado girando en tu cabeza, en tu alma, en los sitios que estuviste y en los que no has estado. Mueves de nuevo el dial. Aprietas el acelerador. Giras la barra. Enfocas la vieja antena. Funciona, y tus ojos abiertos de niño esperanzado no dejan de parpadear, atónitos con la magia del milagro. Y vuelves a fotocopiar todo aquello que viste al abrir la puerta. Todo aquello que amabas. Y no era poco. Le dabas un bofetón al viento. Y escribía la letra Z, tan importante porque era la última, donde se suponía que acababa aterrizando los complejos liberados de tu mente. Te enfadabas por lo mismo que ahora comprendes. La letra A así lo deseaba desde una esquina, pintada en rojo, en mayúsculas. Y si caminabas en círculos. Y si caminabas en línea recta, y si te parabas. Y si volvías a usar un pincel gastado por el acrílico negro. No eras indiferente. Lo reconocías todo sin saberlo, como ahora sabiéndolo pones de nuevo la flecha hacia tu izquierda, donde siempre estuvo.

inferno